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Nos robaron el azul

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  Nos robaron el azul de los sueños en la mortaja fría de los baúles, de los tambores de detergente donde los niños guardan sus juguetes preferidos, entre las Biblias y los Talmud, y los Corán, entre los años desde la nostalgia, que no es otra cosa que soñar de nuevo, de dioses que dan certezas cuando solamente hay preguntas. En el tejido ebrio de los bares ambarinos hay un azul oculto de un azul tranquilo, en el preludio de los reservados en las discotecas, en los cómodos besos del amor correspondido. Nos robaron el azul y lo prodigaron en los cenáculos de gente sin corazón, gente que no conoce el azul verdadero. Hay gente corriente con mucho azul en sus corazones. También hay azules en las entretelas de mujeres que lastran un sueño diurno en las postrimerías taciturnas de las fiestas. En sus contenidos también, en sus palabras sin reveses interesados, en los órganos que son un te quiero desde los ojos, y se ennegrecen al mezclar en las mejillas rosadas un sueño de cisne entre sus...

Prohibido soñar en primavera

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  Eso que llaman delirio es una manera de nombrar aquello que está incrustado en nuestro ADN. Soy el hijo de un metalúrgico, nieto de un chisquero. Y bisnieto de una matrona. Yo no discrepo contra aquellos que dan por sentado lo que el delirio señala con un dedo.  Al ataúd no doy ninguna credibilidad ni desconsuelo ni certeza, pues la ciencia nos dice que la energía ni se crea ni se destruye, tan sólo se trasforma, pues estando creando dádivas al viento, hoy a las 21:12h me doy cuenta al sentir con un ‘no te quiero’, y si tú no me quieres ya, nadie más me quiere ya. Solamente mi madre y mi padre me han de querer. Pienso hacer la revolución desde el sofá de mi casa, diciendo cuando sí, y cuando no. Porque yo he nacido para Internet, e internet ha nacido para mí. Sortear los obstáculos sin ningún atisbo de miedo ni derrota deliberada, sin el atajo más largo de todos mis miedos, ando preocupado porque no quiero defraudarte. Estoy confabulado con la verdad. Ya que quiero ser cauti...

Tabaco negro

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  A veces he fumado tabaco negro para recordarte. Ya no se vende el tabaco que tú fumabas. Como si una ausencia fuese, no solo espiritual, sino también material, ya que desde que tú te fuiste la vida ha sido una debacle tormentosa prologada desde tu muerte, y ha devenido en cadena con otras muertes de gente a las que quiero y no olvidaré. Cada vez quedan menos miembros en la familia, cada vez más vacíos, cada vez más ausencias. Guardo tus cassettes como un tesoro del que no quiero renunciar. Recuerdo tu presencia fumando y con una fuerza atronadora, ese tabaco fuerte, esa vida vivida con suma fortaleza. Cuando la vida insiste en que te recuerde, también insiste en que te quiera. Ya sabrás que los que han ido a tu encuentro como una pólvora irremediablemente veloz, y que ha estallado en el polvorín de las desgracias, han sido muertes prematuras. Faltan seres de la familia y siempre vuelvo, como si de un círculo vicioso se tratara, a aquella época en la que fuiste el eje principal de...

El cobijo de los libros

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  Los libros son el sucedáneo al silencio exterior, pero también al ruido. Cuando estas saturado de televisión, de videos en YouTube, de la música incluso, los libros siempre esperan. Esperan en su estantería, en su anaquel, para sumergirte en sus páginas redentoras. Cuando todo lo redundante se escapa al interés de la monotonía, un libro, no sólo te sacará del tedio, te dará siempre otra perspectiva. Si quieres escapar del itinerario de desnudez en una mujer, si quieres huir de lo complicado de la vida, un libro, te acercará y te reemplazará toda la desidia por un poco de esperanza. Sin libros la vida sería insustancial e irrelevante. Un libro es todo aquello que no vemos, es todo lo que se fuga de la sensatez y la insensatez de la mirada. Cuando todo en el exterior es un no constante, un libro siempre será un sí, y no será una espera eventual, será el acicate que siempre aguardará tu llegada. Cuando todo el mundo gire en distintas direcciones porque no quieren llegar a ti, un lib...

Crónica de una sala de espera

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Hoy en la sala de espera del psiquiatra me dice una chica: —Estoy pasando una época terrible. Además de tener estrés, fobias, y patologías varias, sufro miedo a los espacios abiertos, sufro un principio de bipolaridad, a veces sufro ataques psicóticos, ataques de pánico, y también padezco trastorno de la despersonalización, y tengo un ego de aquí a Lima. También sufro depresión nerviosa, ¿y tú? ¿Qué es lo que tienes? Y le contesto: —Yo soy el culpable de todos tus miedos y tus manías persecutorias. Y me contesta: —No sabía que eras tú el culpable. Tampoco el causante de que gaste tanta pasta. Y le aclaro: —Trabajo de cobrador del frac. 

Ebrios de soledad

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Al menos 2,4 millones de personas sufren de soledad no deseada en España. La gente está muy afectada por esta epidemia en el siglo XXI. La gente, en la era de las pantallas, sufre lo que se denomina como la soledad acaecida en el país del sol naciente (Japón) como el fenómeno de los hikikomoris. Les afecta a mayores y jóvenes. Pero también en mayor número a mujeres. Mujeres que, aunque con hijos, sufren de esta epidemia difundida por todo el mundo. Pero antes era un dato preocupante que nada más se atribuía a los ancianos, pero ahora no importa la edad. Miles de jóvenes se aíslan ante un ordenador o una pantalla en eso que llaman La epidemia silenciosa,  ya que es algo que no tiene relevancia para la gente que no la padece. El libro La última versión de nosotros nos habla de esta epidemia y la repercusión que ésta tiene en las sociedades modernas. Se está dando el caso de que en sociedades como la surcoreana muchos jóvenes padecen este fenómeno que surgió en Japón. En Inglaterra ex...

El oro del Perú

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  El oro del Perú no es el oro que se llevaron los españoles, el oro del Perú no se encuentra en sus minas, ni en los políticos, ni en la clase alta peruana que amurallada está de los indígenas, o cholos, como son llamados despectivamente, aunque en realidad sean trigueños o mestizos. El oro del Perú es José María Arguedas, César Vallejo, María Emilia Cornejo, Gabriela Wiener, Antonio Cisneros, Julio Ramón Ribeyro, Magda Portal, Ciro Alegría, Blanca Varela, José Watanabe, Bryce Echenique, César Calvo, Nicomedes Santacruz, Victoria Santacruz y otros tantos. El oro del Perú está en su gente, pero esa gente vive sin riqueza, todavía recuerdo los días en el Barrio 5, en Bellavista, en El viejo Callao. El oro del Perú no está en la vereda de Chabuca Granda, ni en las canciones de Eva Ayllón, ni en la taberna Santiago Queirolo, ni en las balas de plomo a los que el Perú está sometido, el oro del Perú está compungido de sufrimiento y sobrevive a los embates del mar, ese mar de la playa de...