Gemelos
Una de las cosas que llaman la atención de mis amigos es el cambio tan radicalmente brusco con respecto a mis dos personalidades en ese mismo yo, que es con el que ellos suelen tratar. Por ejemplo, puedo ser extrovertido, veloz como el viento y con una empatía natural que me hace divertido y alejado de toda apatía, y sin embargo, puedo ser justamente lo contrario, del todo tedioso en mi comportamiento social, de cualquier forma que denota cierta depresión enfermizamente aburrida, psicológicamente lenta y espesa. Tan espesa como el chocolate que venden junto a los churros. O la miel espesa en un panal. Soy dos personas en una. Soy las dos caras de una misma moneda. Puedo ser obligatoriamente divertido, agradable, afable, simpático y con una energía y unos ánimos sorprendentes. Pero luego está mi lado oscuro. Mi sombra sin límites, mi pesadez de conciencia, mi dinámica de tortuga que desconoce el lugar donde enterró sus huevos. Un pelícano perdido en un abismo repleto de guano. Un ...