Capplannetta a la par de Dios
Cuando vienen las almas celestiales te avisan, se hacen presentes, anunciando un destino en equilibrio con la Santidad. Las criaturas celestiales huelen a flores y en su fragancia está la divinidad más latente y primorosa. Los cuerpos celestes alrededor del gran Padre, el Señor de todo lo creado y lo que está por venir, se fusiona con la naturaleza. Cuando se huele a rosas es el perfume de una presencia, ya sea familiar, amigo o conocido, de que tu lugar en los cielos está reservado. No pretendo ir de beato ni santurrón. No tengo la razón absoluta. Nada más los que se sientan junto al Dios Padre serán parte de su reino allá en los cielos. Yo no lo he visto. Ni tampoco lo he comprobado. Tan solo quiero dar sentido a todo este caos expandido entre tinieblas. La noche, fructífera y fecunda, como una joven que siempre llega a su cita, se torna pulida y esbelta en el rincón donde los hombres y las mujeres guardan reposo. La vida me ha enseñado que todos los predicadores, todos aquellos que ...