Capplannetta ochenta y ocho
Esto pretendía ser un poema en prosa, es más, tiene que ser un poema en prosa, un poema que diga que quiero mucho a mis padres, mis tíos, mis primos, mis hermanos y mis amigos. Os diré que nunca voy a entierros funerarios ni a hospitales. No lo puedo evitar, se abalanza contra mí una náusea indómita y terrible, y os aparto la mirada, sí. Patético incluso quisiera retenerla, pero la mirada es parte del pensamiento, y mi pensamiento es siempre un tiovivo en llamas. Se queman los caballitos, arden los cochecitos, y las sillitas son ascuas ardiendo. Tengo amigos que son más buenos que un dulce milhojas. Desde aquí les digo que los quiero, que no se preocupen por lo que me hago. Porque si me lo hago a mí mismo, ¿por qué me duele tanto que mi pensamiento haga daño? No hace daño el pensamiento, haces daño tú. Quisiera estar liberado de este sentimiento loco, que es mi fuga y mi partida, mi sístole y mi diástole, mi con pecado concebida, mi domingo trepidante, mi mini-bar en desuso, mi otro vo...