Romper un voto de silencio
He roto cien veces un voto de silencio, en el cual hablo de mí mismo. Lo rompo una y otra vez no por impertinente, ni por receloso, tal vez porque no tengo consuelo alguno. He sido poema antes que poeta. Cuando dormía en casa de mis padres escuchaba un reloj de pared con la melodía de los relojes de Londres, ese reloj pertenecía a mi vecina. A mí ese sonido me ha acompañado toda la vida. Ahora cuando me siento solo busco ese sonido en los refajos de mi nostalgia. Escuchar un reloj de campanadas, o escuchar campanas, es como volver a casa. Es como tener la noche en mi casa, es como volver a lo que fui. Recuerdo que el acto de escuchar ese reloj me produjo un poco de miedo. Es como si rompieran los silencios de mi noche, y a la vez, que rompan también el voto de silencio. Un voto de silencio que es un tabú para el mundo, pero para mí es una gran parte de lo que callo.