La patente
Yo no quiero registrar mi invento en la oficina de patentes. Me quiero liberar tras este blog de lo que he dicho anteriormente en él. Ya no hablaré más de mi, pues mirarse el ombligo siempre es algo complicado, es delicado. Prefiero, a través del realismo, utilizar esta tribuna para hablar de lo que veo, pero no de lo que siento, eso es una manera de dar culto a la personalidad, aunque yo no he pretendido causar algún daño a nadie, y crear resquemores, y desdichas variadas. No reniego aquí de mi pasado egocéntrico, pero hablar de otras personas no quiero. Hablaré de lo que conozco y seré más modesto en el número de entradas publicables. Últimamente he visto mucho cine, he descubierto convertir en mp3 vídeos largos de conferencias e intervenciones de poetas publicados en YouTube. No he descubierto América, pero me sirven y me hacen compañía. He descartado un montón de borradores para no caer en el error de abandonarme ante la liturgia de mirarme en un espejo. La patente de mi vida...