La patente

 


Yo no quiero registrar mi invento en la oficina de patentes. Me quiero liberar tras este blog de lo que he dicho anteriormente en él. Ya no hablaré más de mi, pues mirarse el ombligo siempre es algo complicado, es delicado. Prefiero, a través del realismo, utilizar esta tribuna para hablar de lo que veo, pero no de lo que siento, eso es una manera de dar culto a la personalidad, aunque yo no he pretendido causar algún daño a nadie, y crear resquemores, y desdichas variadas. No reniego aquí de mi pasado egocéntrico, pero hablar de otras personas no quiero. Hablaré de lo que conozco y seré más modesto en el número de entradas publicables. Últimamente he visto mucho cine, he descubierto convertir en mp3 vídeos largos de conferencias e intervenciones de poetas publicados en YouTube. No he descubierto América, pero me sirven y me hacen compañía. He descartado un montón de borradores para no caer en el error de abandonarme ante la liturgia de mirarme en un espejo. La patente de mi vida creativa es no patentar nada. Soy apropiacionista, ya que no sé dibujar. Pero también tengo cedida al copyleft gran parte de mi trabajo, pero ahora debo pensar en mí, e intentar ser un poco, ya no egoísta, pero ya estoy harto de regalar mi trabajo, como si no me huera costado esfuerzo alguno. La obra de Cibernética (des) esperanza tiene su germen en la autobiografía, en la no-ficción y en la autoficción. Pero también tiene párrafos de pura invención, es producto de la imaginación por entero. Me gusta el cine de José Luis Guerín, él es un cineasta realista. A veces la realidad puede llegar a decir más cosas que la ficción. Aunque sin la ficción es imposible hablar de la locura. Frase dicha en su momento por Jacques Lacan, pero no quiero repetirme, solamente discrepo cuando antes he sido, sin pretenderlo, un nepotista de un personaje que no quiero ser más. Estoy cansado de hablar de mí. Mucha gente puede pensar que es pedantería, o que lo hago porque no tengo otra cosa de qué hablar. Es una bitácora, simplemente eso. A veces son apuntes, otras pensamientos y divagaciones, otras para expresarme junto a las cosas que he visto o leído. Pero el hombre es vanidad, ya que todo es vanidad. Pero no ofrezco grandes explicaciones ni presumo de nada en las redes sociales. Este escrito es una especie de declaración de intenciones. Sin más interés que ese. Es un anuncio de lo que voy a escribir a partir de ahora, ya que quiero cambiar de propósitos este año que empieza en breve.

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