Elegía en prosa para Daniel Jonhston
ELEGÍA EN PROSA PARA DANIEL JONHSTON Dan; las tardes y las noches, que has pasado creando música soñando con los nueve custodios de tu número sagrado son en balde. Olvida New York. Ya se acabaron para ti los kilogramos, ahora son libras que ganaste encima de un escenario sin llegar a haber sido libre, es por el miligramo del blíster que ejecuta el sobrepeso a su capricho, o con la voluntad del enfermo de la mente, no sueñas con éxito, aunque tu éxito sea como músico de culto. Se necesitan muchos dedos para tapar el líquido de los coladores agujereados. Un buen colador es el que retiene la zurrapa del café, la flema del caldo de pollo, la sangre coagulada de las morcillas hechas en la cruda sangre de los desangrados cerdos. La emancipación de la route 66 no es el mismo paseo que diste de cara a la muerte con tu padre en caída libre. Te salvaste tú y se salvó él. El señor hizo su acto presencia. Dan, cuéntame otra vez la historia de un artista, tu historia, tu trasiego por el pase...