Cuando la poesía te abandona
Cualquier día menos pensado me dejará la poesía y tendré que dedicarme a la filantropía de la narrativa comercial, porque nadie quiere saber de lejanos soles que se arrepienten de ser luz que crea sombras. Un día de estos dejo la poesía como el cabrón que abandona a un perro, o lo patea por capricho. Cuando la poesía me abandona intento dirigirme a las musas pero no me oyen o yo no puedo sentirlas, no sé muy bien cómo es esta historia. Ahora me voy a dedicar al oficio de chatarrero, seré feliz reciclando metales por doquier. O ser, tal vez, un enfermo en este mundo enfermo donde es tan maravilloso vivir, con tanta paz por todas partes y con la armonía de los hombres que se abrazan con amor fraternal. Asesinar a la poesía es imposible. Quizá tenga que intentar engatusarla con guiños y sacándole la lengua lascivamente. O quizá tenga que escribir mi nombre un millón de veces en las redes sociales, para llegar hacia unos versos concretos y certeros. Como primaveras que persigue...