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La cólera y la ira

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  Cuando las uvas de la ira desmantelen toda tu animadversión, verás, que los hombres nuevos se olvidan de pisarlas ante el gran vino que de ellas se desprende. Pues se pisa y se pisa el mosto que fermenta de ruido olvidado. En la antigua escarapela del Inca hay un suburbio repleto de mar que estalla en cada indio que sobrevive, que es superviviente del suburbio, rodeado de un océano que empuja fuerte y vivo todo el ensueño del plástico donde se envuelven los ingratos sabores. Vienen del sur y del norte, del este y del oeste, a ver replegado el Euro en los calzoncillos mojados de los hombres desmantelados, satirizando servilletas con que se limpian la desfachatez. Vienen porque solo les queda la esperanza del cambio. Toda moneda lleva una ceguera errante que no conocen los que tienen los pies en el sueño. Atraviesan un océano, un continente y los extorsionan los otros parias sin escrúpulos que hacen ganzúas de las cerraduras y de los cerrojos. Piensan los hombres calvos y con cara ...

Retrato de Semana Santa

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  Me quemo en este hielo perpetuo. El olor a incienso y el olor a cirio encendidos son olores que se expanden no por donde pasa el señor, sino por donde pasan repentinos demonios en abril. Como si estos cambiaran el olor a azufre por el de los cirios.   Nunca he soportado el olor de las velas encendidas. Pero cuando más asco me dan, es cuando se apagan.   Tampoco sé cuándo vendí mi alma a la poesía. A esa poesía que es en Sevilla donde germina. Hay plagas de gentes sumergidas en la mística túnica morada. Recuerdo a mi abuela con su hábito de la virgen del Carmen. Su patio repleto de avispas, ya que atraían la fiebre del injerto entre el naranjo y el limonero. Andalucía tiene un rostro repleto de raza en la morena carne de sus sueños de árabe esperanza. Cada vez que pasaban por la carretera del pueblo de mi padre los toros, en sus camiones que olían a matadero, mi padre me decía: —Ahí van los toros de lidia para la plaza.   Sevilla profunda, esa curiosidad como ...