Capplannetta ya no es aquel que era
Recuerdo muy bien a gente con la que he pasado buenos momentos y ahora ni yo ni ellos nos atrevemos a decirnos palabra alguna. Recuerdo a un gitano blanco que me reservo el nombre. Este gitano tocaba la guitarra por flamenco como los ángeles, es decir, como los duendes, porque tenía duende. Era un gitano noble, sencillo y muy cercano. Lo recuerdo con su amigo, que también se hizo amigo mío, un gitano moreno con carnes como el bronce. Eran grandes amigos. Me trataron con educación. Y ahora si los viera por miedo a lo que ahora soy no me atrevería a decirle ni palabra. Él y su amigo son los gitanos más nobles que jamás he conocido. Pasábamos buenos ratos, yo al cante y el guitarrista tenía una destreza en cualquier palo flamenco que te dejaba boquiabierto. Hablábamos de todo lo referente al flamenco, ya que era un gran entendido. Pero de lo que más sabía era de Camarón. Quisiera verlo y hablar con él. Pero mi temor a decepcionarle me haría cobarde. Y no es que sea un cobarde, sino que he...