Rodajas de verdad
Yo no pido consuelo ni que asientes con la cabeza, tampoco pido una limosna de amor, echar un polvo cada día, o tres veces por semana. Yo lo que necesito es paz. Que nada ni nadie me corrompa la calma. Conseguir por ejemplo, dejar de ser un pelele manteado. Un monigote arrumbado, un enemigo del silencio. Quiero yo vivir en paz. Con nada que decir ya. Por mucho que me empeñe en estas palabras, por mucho que me esfuerce, por mucho que me calle o diga lo que no se debe decir. Es todo tan lamentable, que estoy harto de repetirme el perdón. Un perdón que me recula y vuelvo otra vez a la lona, y todo se desmorona, se desmorona, todo el amor se acaba. ¿Porqué tengo yo que suplicar compañía si me han aborrecido aquellos que ya no son ellos mismos? Ni yo tampoco. ¿Dónde dejé mi pureza del alma y mi corazón asustado ahora? ¿Qué tengo que hacer para encontrar la paz, esa paz que se me niega? Es nefasta la envidia, el reproche que se hunde, el suspiro calentorro, el subyugante momento. Es to...