Capplannetta y la ciudad
En un continuo deambular por la ciudad y su cara oculta, he tenido que hacerme calma y suspiro entre la égloga vecinal. Me tienen el alma atormentada los hijos del cielo y la envidia. ¿Para qué envidiarme a mí que tengo un ala destrozada? No quiero más cábalas contra el silencio, si al final vamos todos a la muerte previsible. Una ciudad tiene un mundo en el aire sucio y el alma doblegada en las cloacas, no quiero ser dueño de nadie, pero que no me quiten el privilegio de tararear la canción que es mía. Me encierro en las estrías de Dios y aún así siguen molestando mi verdad remota. No soy de nadie, a nada pertenezco. No tengo ni un ápice de raza de la que estar orgulloso. Cuando vengan los amos del mundo me pedirán que les siga diciendo, aquello que les encanta escuchar, aunque tenga que presenciar a mis hermanos encelados. Soy una cáscara del mundo y no un espantapájaros de un huerto, soy la paja de la espiga del trigo y un caballero del diálogo. Que nadie corrompa mi corazón noble. ...