Capplannetta y el sentido nefasto de la propiedad
Decía Ernest Hemingway que nada te pertenece hasta que lo regalas. Yo en mi adolescencia no he tenido sentido de la propiedad, he tenido un par de ciclomotores y, la verdad, era como no tener nada tuyo, salvo que era un vehículo para ir a trabajar. Y tenía una documentación donde por aquellos años hacíamos los cambios de nombre con un bolígrafo. Imaginen lo rudimentario del asunto. Era como una pequeña anarquía, ya que las cosas han cambiado y mucho. Ahora tienes que ir a la jefatura de tráfico tanto para cambios de nombre de vehículos, como también para darlos de baja. Pero cuando conforme vas haciéndote mayor y te independizas, y casi siempre de alquiler. Hasta que te das cuenta que vivir solo es caro, y vivir en compañía desemboca en problemas de convivencia. Con el tiempo te echas novia y te casas. Entonces se convierte todo en una odisea para encontrar piso primero, después, que un banco acepte concederte una hipoteca. Las hipotecas rondan en duración de veinte a treinta años, y o...