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Mostrando las entradas etiquetadas como la última versión de nosotros

Cianuro y Santi-In memoriam

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  Me gustaría decirte que he regresado al barrio después de casi veinte años. Hoy he puesto la película, nuestra película, escarbando en la videoteca de mi casa. Esa película, de la que tú decías que tenía hueso, una vez editada, no la hubiéramos podido realizar sin tu generosidad. Debo decirte que otra película sería si la hubiéramos grabado ahora, en la era digital. La película estaba mal editada, sí, en aquellos tiempos analógicos la edición casera no era de muy buena calidad, pese a los esfuerzos, pese a los instrumentos rudimentarios, esto es lo que ha quedado. Si la hubiéramos filmado ahora hubieras alucinado. La película en sí no se podía denominar como cortometraje, ya que es demasiado larga para tal afirmación. Pero quiero que sepas, que allí donde estés, se te echa de menos. Un abrazo Santi. 

Crónica de una sala de espera

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Hoy en la sala de espera del psiquiatra me dice una chica: —Estoy pasando una época terrible. Además de tener estrés, fobias, y patologías varias, sufro miedo a los espacios abiertos, sufro un principio de bipolaridad, a veces sufro ataques psicóticos, ataques de pánico, y también padezco trastorno de la despersonalización, y tengo un ego de aquí a Lima. También sufro depresión nerviosa, ¿y tú? ¿Qué es lo que tienes? Y le contesto: —Yo soy el culpable de todos tus miedos y tus manías persecutorias. Y me contesta: —No sabía que eras tú el culpable. Tampoco el causante de que gaste tanta pasta. Y le aclaro: —Trabajo de cobrador del frac. 

La vida

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  Si algo me ha enseñado la vida es la facilidad que tenemos los hombres para declararnos enemigos. Para apropiarnos de causas que no conocemos, y no las conocemos porque están perdidas. Somos malpensados por naturaleza. La libertad efímera la llaman los ingenuos. Libre pensamiento lo llaman los hombres. Libre albedrío lo llaman aquellos que no tienen albedrío. Un ciego desconfiado mundo es el que vemos, aunque palpemos este mundo. Un mundo que se derrite en su ocaso porque la vida es infinita batalla. La guerra de los mundos es tan profana que están por verse nacer y también morir. Perderse en la prisa por vernos y tenernos. Todos esperamos el desfile triunfal, ese desfile que no encontramos nunca. Y no encontramos el desfile porque no existe. Porque la vida empieza en nosotros. La vida la planteamos nosotros. El diablo nos rompe los esquemas, y Dios dictaminará el desenlace. Así todo el mundo busca una paz que no existe. Existe como existe la felicidad, porque la felicidad se bas...

La herencia

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  Yo no heredé demasiadas cosas tras la muerte de mi abuelo. Mi abuelo no tenía ni espadas ni blasones, ni tampoco ganó ninguna batalla. Yo heredé algo mejor que todo eso. Yo heredé unas cassettes en la que estaba grabada toda la España, toda la música cañí de aquellos años. Mi abuelo era un gran melómano y le gustaba la música con un fervor que recuerdo con gran nostalgia. Las cassettes las guardo como oro en paño. Un paño de terciopelo rojo, que me gusta acariciar. De mi abuelo, ¿qué puedo decir? Que lo echo de menos y que lo quiero mucho, allí donde esté.