Capplannetta y la cultura gratuita
Escribo porque no tengo otro consuelo, soy un incomprendido emocionalmente hablando. Cuando he llamado a un teléfono me quedo escuchando y no digo palabra, tanta es mi soledad que sólo hago la llamada para sentir una presencia, una respiración, una respiración y una presencia que me acompañe en mi travesía por este desierto de sequedad antropológica y carencia de cariño, porque soy un marciano en un mundo que gira en una sola dirección y esa dirección me hace ir a la contra y tropiezo, sin ninguna salida, sin consuelo, sin nada ni nadie. De eso trata lo que escribo, por eso será, tal vez, por lo que la gente imagina de lo que escribo lo prefiera gratuito, porque no vale para nada, es malo a su suponer y a veces también yo lo supongo, ni siquiera como consuelo, mucho menos como espejo en el que mirarse, ni como pañuelo donde sembrar un puñado de lágrimas saladas, ni como bálsamo reconfortante que alivie los pesares. La gente al reconocerme a mí como perpetrador de un escri...