Navidad podrida en dos posturas
No sé lo que le han visto a la puñetera, a la asquerosa, a la fiesta podrida de la Navidad, ya que la gente se pone muy pesada, sí, está el fantasma de la gran familia vociferando a Chechu todavía, y nosotros nos congelamos el parentesco buscando una inscripción en un bloque de hielo donde encontrar los recuerdos todos derretidos grabados a fuego, grabados a fuego en nuestro asesinato de frágiles desengaños pasados, mientras que se hacen trenzas con ellos los que han sangrado en la boca en la soledad a media luz de una tele encendida, los que han extrañado en serio un minuto capital, mientras que una madre desesperada grita su alegría de acero para que sus hijos la vean feliz. Feliz Navidad, Paz, Amor, Armonía, esas son nuestras consignas pactadas, pero nada sería la Navidad sin los niños que nos quemamos por dentro. La cena opulente barre de ceniza el ayuno para un hombre solo y ese hombre es el miedo a las alturas, a las alturas dispuestas a un paso cosidas en nuestro nombre tem...