Capplannetta y las acequias dormidas
Cuando duermen las acequias el fango se hace visible. Un cuerpo que parece impoluto miente ante la gran verdad de la vida y se ríen de él y no se da ni cuenta. Ven serio el suicidio del tiempo, y un escalón de hielo sube por la escalinata del silencio. Hubo una vez un peligro, un peligro desnudo e inquieto, en la rozadura que deja tras de sí el develo. Un poeta no es nada ni nadie, es un jazmín sin olor y olor se despliega en la noche, cuando la vegetal presencia duerme como las acequias. Yo no soy mal nacido, ni mi madre da besos por botellas de cerveza. El oropel de las sustancias selectas se esconde taciturno e incesante como un escalofrío De Dios. No. No más noches entre la acequia que duerme. Que cuenta su sueño de agua en la vértebra rota del lamento. Las malas hierbas se unen en la plegaria, y un aliento de piedra y ladrillo se vuelca ante la regadía del sol. Una avispa se posa en la noche y pretende punzar a la luciérnaga inocente, que solo luz y belleza la mueve. Sus alas son ...