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Mostrando entradas de julio, 2026

La palabra gratis

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  La palabra gratis pone cachonda a mucha gente. Yo escribo, pero creo que mis libros no tienen ningún interés. Ni como concursante ni como referencia, ya que ponen el acento en las enfermedades psíquicas. El estigma normalmente no proviene únicamente de gente denominada “normal”.  También proviene como reclusión social. Nada es gratis en esta vida, y el precio siempre lo he pagado yo o mis padres, y me refiero a mis libros. Vivo una vida tan precaria que me arranco las muelas que se me van a caer con las manos. Hoy le he dicho a la asistente social que, si el precio de mis lágrimas escribiendo LiooLi Wanted debía  ser gratuito, ya que entiendo que no vale la pena regalar mis libros, aunque sean malos. La gente no lee ni las ventanas de diálogo en Internet, ¿por qué tendrían que leer mis libros? Y más aún conociendo la naturaleza que me persigue como una sombra. Hablando de sombras, para los que no lean libros les doy mi más sentido pésame , esa frase no es mía, es de Jav...

Ser pobre

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  Ser pobre, hoy en día, es una agonía fácil de llevar, aunque te nieguen la gratitud y la solvencia en cada suicidio del total esfuerzo. El pobre se traga la sopa como si fueran a quitársela. Sopa de fideo que se seca en los frigoríficos que solidifican el grano y el cereal arraigado en el hambre como una plegaria desnuda de locura en un mundo que nada más que dinero quiere. Ser pobre, pobre de aquel que siendo pobre desprecie el pan de la mañana en la noche que lo endurece. Soy pobre pero generoso. Demasiado generoso para la abnegada justicia que lo contamina de ruego y sombra. Ser pobre te hace esclavo de un patrón, de un capataz, de un mandón. Soy lo que se desprecia sin compasión, soy lo que no vale la pena, porque no hay nadie más pobre que el que piensa libremente y no duda en verter una flor destrozada como regalo del monstruo. Soy pobre, sí señor, porque he nacido severamente pobre. Porque mi trabajo es valor sin fruto, y una plegaria dormida ante el obispo que tiene tende...

Por amor a los libros

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  Si no hubiera encontrado la compañía de los libros, sería seguramente, un energúmeno o un pusilánime que no supiera saber de qué hablar o de qué callar, o de qué reír y de qué llorar, o tal vez estaría en un abismo sin saber bien cómo echarme atrás para eludirlo. En papel tengo un centenar de ellos (quizá doscientos), y unos cuatrocientos en formato digital. Sé que estas cifras no son nada con respecto a la cuantía, pero tengo los libros fundamentales. Pero mi verdadero valuarte literario es la búsqueda de PDF’s en Google, o buscar la verdad contrastada a través de la inteligencia artificial, o la wikipedia. Si no hubiera encontrado el mundo de los libros, estaría en un manicomio, o tal vez estaría gritando a unos o a otros sin un porqué como excusa. La soledad para mí no existe gracias a los libros. Pero tampoco tendría el maravilloso tic de la escritura, si no hubiera Internet. Empecé a escribir y leer en 1996, y desde entonces ahí ando, reconociendo mi poco talento ante el tal...

Pasan los años

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  En lo tardío del existir he dejado mis versos desnudándome. Porque la juventud es empezar por el postre, y las promesas de lo que seremos se pierden en el hecho de lo que somos. Abandoné todos los gemidos que llevo por dentro y son refugio de lo que callo, como un amor primero y una cuadriga de ensoñación, como un preámbulo de buena muerte, como un amuleto de insinuación. Soy lagartija que huye del sol, y salamandra que busca farolas. Engullo la filosofía del no, y al lado tuyo fui otra persona. Tengo nostalgia de mi pasado precoz y esta adultez que se desmorona. Me hallo y me destapo del yo, ya que sin ti la magia sería un juego para dos, del ajedrez el peón, el descuido que aprovecha el ladrón, el si totalmente cegado de la primera persona del plural de este meditado no, de este problema involucrado en la desazón. De este pergamino de hielo en la intuición y el desafío incoloro de los previos a una feble canción que se envalentona. 

Paseo por el jardín botánico

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  Llegado a este punto, arribado a la panoplia de magnolios que flores comentan, ahora te digo porque tú sabes porqué, te digo que siempre has visto mi longitud de miras guiada a mirar desde abajo, que sabías porqué lloran los abedules a nuestro paso, que me digan que vengo de centenarios olivos, y tú sabes porqué, que los olmos se nutran de lo sagrado de mi empatía, que tercos son los cipreses con su fruto inútil, más inútil que las agujas de los pinos que repliegan el bosque, de olores nuevos que tú sabes porqué, con sus piñas hacemos unas brasas perfectas y nos comemos la carne como pájaros del monte. Yo creo que no sabías y tú sabes porqué, que la cuneta está repleta de encinas y duros robles, me dirás que no californique en las ramas de la inapetencia, y tú sabes porqué, no pienso ir más a comer del madroño, tampoco del laurel desolado. No pienso más volver al otoño cuando el castaño se despide de sus amargas sustancias, yo quiero acucurrarme entre la hojarasca ocre como un al...