Ser pobre

 


Ser pobre, hoy en día, es una agonía fácil de llevar, aunque te nieguen la gratitud y la solvencia en cada suicidio del total esfuerzo. El pobre se traga la sopa como si fueran a quitársela. Sopa de fideo que se seca en los frigoríficos que solidifican el grano y el cereal arraigado en el hambre como una plegaria desnuda de locura en un mundo que nada más que dinero quiere. Ser pobre, pobre de aquel que siendo pobre desprecie el pan de la mañana en la noche que lo endurece. Soy pobre pero generoso. Demasiado generoso para la abnegada justicia que lo contamina de ruego y sombra. Ser pobre te hace esclavo de un patrón, de un capataz, de un mandón. Soy lo que se desprecia sin compasión, soy lo que no vale la pena, porque no hay nadie más pobre que el que piensa libremente y no duda en verter una flor destrozada como regalo del monstruo. Soy pobre, sí señor, porque he nacido severamente pobre. Porque mi trabajo es valor sin fruto, y una plegaria dormida ante el obispo que tiene tendencia para volcarse ante el marqués y el que vive en un barrio de mármol y grandes espacios con eco. Soy pobre, y tonto he sido tantas veces que me da pena el dinero que queman los idiotas para probar la máscara fría de muerte los sepultureros de la abundancia. Soy pobre sí, porque no tengo nada más que esclavitud desde las entrañas. El hombre rico cumple su amenaza y la prostituta te interroga devorada por la tendencia de encontrar dinero colgado de los árboles sin sombra. La angustia y la soledad del pobre solo lo lastima a él sólo. A él sólo. Porque ya no hay fianza para el que llevan a la prisión del dinero. Y los barrotes de oro son sólo para los pobres que nada tienen con que obsequiar.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Tabaco negro

El guardián de mi hermano

El cobijo de los libros