El guardián de mi hermano



 Tengo a mi hermano entre mi corazón y mi alma pese a que no he sido un hermano como debiera ser. Cada vez que se va por cuestiones de trabajo rezo a Dios como se debe rezar a un hermano, ya que no sé rezar ninguna letanía, ni siquiera un padre nuestro, aunque me esfuerce en aprender, ya que con el alma impregnada de silencio, y con la esperanza de que vuelva entero y sano, que vuelva, porque no es solo preocupación, es la justicia que se merece. Mi hermano, al contrario que yo, es y ha sido un hermano timorato, buen hijo, buen esposo, y buen padre. Espero que regrese a su hogar y que el trabajo le sea breve y leve. Mi hermano es distinto a otros hermanos, recuerdo haberlo puesto en tesituras, en momentos en los que debería haber sido mejor hermano, no santo, ni santurrón, pero si bueno. Mi hermano, y no lo digo por decir, es trabajador, luchador y goza de aprecio entre sus amigos y también los míos. Mi hermano es una persona que me ha protegido siempre, y ha mantenido protección hacia mi persona, pese a que yo irresponsablemente lo he decepcionado. No es que esta misiva sea una carta de arrepentimiento, o una pose de cara a la galería, es un hermano con una ética y una moral, que muchos debieran aprender de él, ya que es apreciado y querido por todos. Le tengo que decir tantas cosas, que prefiero decírselas cada vez que me venga a ver, ahora que estoy más cerca de él. Mi hermano es un luchador nato. Tiene un gran corazón. Tiene talento como músico, y es respetado y querido, ya que se hace de valer. Yo puedo decir que el siempre ha sido mi guardián, y siempre, y digo bien, siempre, le tendré en el lugar preciso y meritorio, por muy lejos que esté. 

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