El cobijo de los libros



 Los libros son el sucedáneo al silencio exterior, pero también al ruido. Cuando estas saturado de televisión, de videos en YouTube, de la música incluso, los libros siempre esperan. Esperan en su estantería, en su anaquel, para sumergirte en sus páginas redentoras. Cuando todo lo redundante se escapa al interés de la monotonía, un libro, no sólo te sacará del tedio, te dará siempre otra perspectiva. Si quieres escapar del itinerario de desnudez en una mujer, si quieres huir de lo complicado de la vida, un libro, te acercará y te reemplazará toda la desidia por un poco de esperanza. Sin libros la vida sería insustancial e irrelevante. Un libro es todo aquello que no vemos, es todo lo que se fuga de la sensatez y la insensatez de la mirada. Cuando todo en el exterior es un no constante, un libro siempre será un sí, y no será una espera eventual, será el acicate que siempre aguardará tu llegada. Cuando todo el mundo gire en distintas direcciones porque no quieren llegar a ti, un libro siempre te hablará a ti de manera directa. A mí la lectura me ha sacado de tantas cosas, que enumerarlas todas me ahogan y me asfixian. Los libros amarillentos de segunda mano son un tesoro que te reconcilia con tu presente, ya que en las anotaciones y los párrafos subrayados puedes encontrar otra historia a la par del libro. Una historia que se establece con otro lector anterior que conecta con el lector futuro que eres tú. La literatura establece un tiempo atemporal con respecto a la vida andariega de las personas. Lean, lean porque es la única fuente de reencuentro con uno mismo. Porque los libros son la quinta esencia de las personas. 

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