Pasan los años
En lo tardío del existir he dejado mis versos desnudándome. Porque la juventud es empezar por el postre, y las promesas de lo que seremos se pierden en el hecho de lo que somos. Abandoné todos los gemidos que llevo por dentro y son refugio de lo que callo, como un amor primero y una cuadriga de ensoñación, como un preámbulo de buena muerte, como un amuleto de insinuación. Soy lagartija que huye del sol, y salamandra que busca farolas. Engullo la filosofía del no, y al lado tuyo fui otra persona. Tengo nostalgia de mi pasado precoz y esta adultez que se desmorona. Me hallo y me destapo del yo, ya que sin ti la magia sería un juego para dos, del ajedrez el peón, el descuido que aprovecha el ladrón, el si totalmente cegado de la primera persona del plural de este meditado no, de este problema involucrado en la desazón. De este pergamino de hielo en la intuición y el desafío incoloro de los previos a una feble canción que se envalentona.