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La amarga bilis de la soledad

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  En el día de la proclamación de mi muerte espiritual comprobé el regusto de la soledad. Mi madre me dijo: — si te pasara algo, tu padre y yo nos moríamos . Conocí la conspiración a los hijos del mar. Sabía a salitre y olía a brea. En el fondo marino, del cementerio al fondo eterno del misterio, donde los calamares son gigantes y hay criaturas que huyen del sol porque no les ama, hay gente extraña que enciende su luz entre los párpados de la noche. Entre un pestañeo y otro. Ese es el don de los necios acróbatas. Por eso tienen memoria de pez, y por eso estás tú ahí. Para recordármelo y empujarme al abismo. Me lo recuerdas con sed de venganza. No gusta a nadie que te fastidien la noche. Los hijos del mar son escozor y duda, olvido y el reflejo del óbito. Cuando era un niño, un niño inocente y timorato como un ángel, estaba en un tren de moqueta y sueño. Y en la boca de una chimenea con un orificio no muy grande y ni demasiado pequeño. El tamaño justo para la trampa , una niña me di...