Yo he jugado en la calle
Cuando yo era un niño escuálido, en mi colegio había una tarima. La tarima es síntoma de respeto ante el maestro. Una tarima pone al maestro en la distancia ideal de la que ahora los maestros carecen. También jugaba en la calle. Y era todo un lujazo. Los niños deben aprender que salir a la calle y llegar a casa con las manos sucias es algo que agradecerán. Un niño que está demasiado en casa será un niño burbuja. Salvando las distancias, jugar en la calle es síntoma de diversión garantizada. Compren en los quioscos, jueguen en la calle, llénense los niños los zapatos con el barro de los eriales y los campos de fútbol. Jugar en la calle es un buen principio de algo que pasará de largo y cuando lo quieran rescatar, será imposible hacerlo.