Por amor a los libros
Si no hubiera encontrado la compañía de los libros, sería seguramente, un energúmeno o un pusilánime que no supiera saber de qué hablar o de qué callar, o de qué reír y de qué llorar, o tal vez estaría en un abismo sin saber bien cómo echarme atrás para eludirlo. En papel tengo un centenar de ellos (quizá doscientos), y unos cuatrocientos en formato digital. Sé que estas cifras no son nada con respecto a la cuantía, pero tengo los libros fundamentales. Pero mi verdadero valuarte literario es la búsqueda de PDF’s en Google, o buscar la verdad contrastada a través de la inteligencia artificial, o la wikipedia. Si no hubiera encontrado el mundo de los libros, estaría en un manicomio, o tal vez estaría gritando a unos o a otros sin un porqué como excusa. La soledad para mí no existe gracias a los libros. Pero tampoco tendría el maravilloso tic de la escritura, si no hubiera Internet. Empecé a escribir y leer en 1996, y desde entonces ahí ando, reconociendo mi poco talento ante el talento de muchos otros. Ahora que llevo unos treinta años seriamente en el asunto, entiendo que no se puede caer más bajo que ser escritor o poeta. Es como vivir para ambos mundos y que estos se pongan en tu contra para salvarse a ellos mismos. A eso se le llama hipocresía para autosalvarse de cara a la galería. Yo, al haber encontrado la literatura, estoy menos solo de lo que pueda estar la mayoría. Pues un libro es sugerente compañía, siempre estoy acompañado por voces y pensamientos, de los cuales, es improbable no reencontrarse a sí mismo. La literatura me ha salvado de tantas cosas, que es imposible no estarle agradecido.
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