El oro del Perú





 El oro del Perú no es el oro que se llevaron los españoles, el oro del Perú no se encuentra en sus minas, ni en los políticos, ni en la clase alta peruana que amurallada está de los indígenas, o cholos, como son llamados despectivamente, aunque en realidad sean trigueños o mestizos. El oro del Perú es José María Arguedas, César Vallejo, María Emilia Cornejo, Gabriela Wiener, Antonio Cisneros, Julio Ramón Ribeyro, Magda Portal, Ciro Alegría, Blanca Varela, José Watanabe, Bryce Echenique, César Calvo, Nicomedes Santacruz, Victoria Santacruz y otros tantos. El oro del Perú está en su gente, pero esa gente vive sin riqueza, todavía recuerdo los días en el Barrio 5, en Bellavista, en El viejo Callao. El oro del Perú no está en la vereda de Chabuca Granda, ni en las canciones de Eva Ayllón, ni en la taberna Santiago Queirolo, ni en las balas de plomo a los que el Perú está sometido, el oro del Perú está compungido de sufrimiento y sobrevive a los embates del mar, ese mar de la playa del león dormido, donde tantas veces me caí debido al temperamento del océano Pacífico y tú dijiste lo que dijiste (aunque ya no me acuerdo). El oro del Perú se encuentra en las cocinas, se encuentra en las escarapelas de un ¡Viva Perú carajo!, se encuentra en esa gente que rodea las calles colindantes a las embajadas de España y Estados Unidos, buscando una salida a la desesperación. El oro del Perú son las mujeres que dejaron su vida apartados de los suyos. El oro del Perú no es el Señor de los Milagros, ni sus ofrendas repletas de flores, ni el día de la canción criolla, el oro del Perú no es un metal valioso, ni blanco, ni amarillo, ni rojo, el oro del Perú no se encuentra en las calles colindantes al Callao, separadas de una Lima rodeado de pueblos jóvenes. El oro del Perú no es un Nobel como Mario Vargas Llosa, ni como un Santiago Roncagliolo, ni un Jaime Baily por YouTube. El oro del Perú no sólo está en Nazca, en Machu Picchu, ni en los gatos de Chincha, ni en Huancahuasi, ni en los picarones de los puestos ambulantes, ni en los puestos de moliente y anticuchos. El oro del Perú se encuentra en todos los corazones que no olvidaré nunca. 

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