SOMOS

 


Cuando unos padecen de miedo otros padecen de risa, cuando unos padecen de inercias otros padecen de incautos, cuando unos padecen de lejanías otros cogen el sol con las manos. Cuando tal vez exista un vértigo en las calles, otros atestiguan la dureza del suelo, como si las estatuas dejaran de ser monumentos de provincia y fueran solo eso, estatuas que se encaramasen mirando a la realidad de cada uno, y nos salva del abismo un libro, una historia, o un poema, un retazo de belleza suspendido en lo que vemos, un bosquejo de nada que en un rincón suspira, un suspiro que ya no consuela. Cuando unos bostezan en las tardes de domingo, otros se acostumbran al silencio, como si el silencio se abriera como una nuez, y dejara en los recuerdos meramente cáscara; cáscara y olvido que sucumbe en la precaria volatilidad del tiempo, en la inutilidad de un beso frío. Cuando unos pierden el rastro de la vida, otros se encaminan a la pérfida muerte de los astros, y la corta noche del verano se asemeja a un pestañeo que se aparta del blanco de los ojos desorbitados, al vacío de los ojos gimiendo. Cuando pisamos por donde otros han pisado, no vivimos la misma experiencia, aunque sigamos la huella de aquellos seres humanos que fueron a través de los muñones del pasado, pues no es la misma cosa haber sido uno, para seguir siendo otros, ya que los dejamos sin nada, sin nada. Y la vértebra del silencio se rompe de tanta fuerza provocada por ellos, por vosotros, por nosotros. 

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