Radiografía de la juventud perdida
¿Para qué celebrar un cumpleaños? Hoy, precisamente hoy, cuando todo es más embustero que la edad. ¿Para qué celebrar las vueltas completas de sol? Si estamos aferrados a una duda, y esa duda te hará picadillo. ¿Para qué escudriñar la flor de los afectos? Hoy, precisamente hoy, que todo es soledad. La vorágine de años suspende de un hilo la mortaja de respiraciones en la llaga de la vida. La efeméride y el santo oral son dos puestas de sol frente a los años. Onomástica de un lugar que ya no recuerda la aurora de la adolescencia porque la vida se ha teñido de un negro betún de olvido. Quiero y no puedo, quiero siempre y no lo consigo. Me apunto a la muerte prematura de los astros. Me apunto un año más en esta vida de neófitos y superficiales apariencias. Me apunto a la desfachatez de las plañideras que se mojan el contorno con saliva. Me apunto a las flores secas pues yo nací en primavera. La vieja primavera de mis días, que ya parecen invernales. Hubo un momento en este presente que el azul me venía a buscar. Y no pude alcanzarlo, porque yo ya era ni viejo ni joven, un viejo con alma de niño, un niño con alma de viejo. En este preludio de onanismo y desencanto sumo años como los de una postal recibida sin cariño. Quiero besar la pulpa de la carne, pero estoy muy lejos de aquello que antaño tuve y ahora no tengo. ¿Para qué a mi paso se espantan todas las palomas? Son años estos de un nudo en la garganta que acapara sin quererlo todas las derrotas.
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