Nocturno de Tokio
No hay lugares fríos sino climas y apariencias a los que nadie sonríe. No hay vacíos ni desprecios, si no cosechas de aquello que sembramos. Las bebidas alcohólicas son un lubricante para explayarse ante los colegas o amigos con más soltura y euforia. En Tokio hay toda clase de edulcorantes que imitan a las cosas que tienen los seres humanos como un abrazo inusual e inesperado. Por ejemplo, los nipones no muestran afectos y desde que son niños se les enseña a no interpretar ningún gesto que pueda ofender a otras personas. Son lo contrario de lo que sucede con los mimos en toda su esencia, ya que se sienten malinterpretados. Son respetuosos y son gesticulantes como lienzos en blanco, donde nada es reprochable ni inmutable, donde nada es lo que parece. Se hacen encuentros para que medicinalmente la gente se bese con desconocidos por un poco de cariño o calor humano. Hay mujeres que compran y alquilan compañía masculina. También en Tokio hay más ancianos que natalidad. Digamos que en Japón y en los países nórdicos hay un alto índice de suicidio a comparación de los países mediterráneos. Pero en los países del sur de Europa también se suicida gente. Siempre, y digo bien, siempre, necesitamos algo más de lo que la vida nos ofrece. Frecuentamos la soledad y todo lo que a ésta le acompañe es siempre bienvenida. Estamos construyendo sociedades solas. Estamos construyendo largos fines de semana y lentas presencias que queremos afrontar con prisa, nos decantamos por la velocidad en nuestras urbes de asfalto y hormigón. Somos enfermos del tiempo y de nosotros mismos, somos lo que no intuimos y también somos lo que vemos y sentimos. Gente con miedo a los espacios abiertos, y gente que se enclaustra entre cuatro paredes. Los hikikomoris no salen de sus casas, no porque no deseen interactuar con el mundo exterior, sino porque están totalmente pegados y arraigados en las zonas de confort. Estando solos es la única manera que son felices, ya que de esta forma no tienen que fingir, y de esta manera, se acostumbran a ser un folio en blanco. Las sociedades modernas están enfermas de socialización y de edulcorantes cosas que cambiamos por otras más cómodas que no nos causen dolor alguno. En Asia hay una manera de gemir distinta a la de los sures de Europa, cuando una mujer asiática gime parece que llora y lamenta, todo lo contrario a las mujeres occidentales, que son más ardientes y son más cristalinas con respecto a lo que sienten. Pero huelga decir que los japoneses tienen la vanguardia en temas como la hipocondría y la misantropía, son pioneros en lo que a las sociedades modernas se refiere. No quiero parecer frívolo, pero nos estamos deshumanizando al anteponer nuestras causas y preferencias en cosas insulsas y estúpidas como el dinero, o cosas que nos ayuden a exteriorizar aquello que no somos. Porque tenemos miedo a ser nosotros mismos.
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