El afuera y el adentro


Si me olvido de lo de afuera tengo paz en lo de adentro. Pero no me refiero a la paz del hogar, me refiero a la paz de mis adentros. Que es una paz por mí tan valorada, que pienso que, si nada funciona en lo de adentro, nada funcionará en lo de afuera. Hay momentos en la vida tan súbitamente desidiosos con respecto a lo de afuera, que buscamos el amparo de múltiples cosas. Que nos distraen y nos estimulan tanto, que lo demás se vuelve una minucia al enfrentarnos con nuestro yo interior, y que una vez habitamos de manera sugestiva y sugerente lo de nosotros, lo que a nosotros se refiere, en nuestro mundo interior, todo recobra una mínima importancia. Y lo de adentro tiene un sentido. Se puede tener estimulantes como el cine, la lectura, y siempre, digo bien, siempre, la escritura. Se debe alimentar lo nuestro, nuestro mundo interior, con aquello que nos sitúe en un lugar de preferencia, pues es lo que nos depara la voluntad suficiente para enfrentar nuestro yo frente a los demás. 

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