Calidad de vida

 


Hay hombres grises que permutan en el amor, como si al hablar de amor no hablaran del amor que éstos profesan, sino de ellos mismos, pero no saben decir te quiero, no saben besar en el cuello de una mujer candente. Yo nunca me iré de cena con gente a la que admiro, o mejor decir, a la que tengo miedo de defraudar, no porque no me apetezca, sino porque tengo miedo de caerles mal. En realidad, me curo en salud de todos ellos, de todas esas personas que valoro y que tengo temor de fallarles. La literatura en España es tóxica. Es nepotista. Es miserable. Unos son pedantes, repelentes, pero hay otros accesibles y a la vez interesantes. Unos me llaman pico de oro, quizá es porque no lo soy en absoluto, y otros me señalan mi jaula de oro, que es el lugar preferido en el que quiero estar. La verdad es que para mí hablar en público se convierte en un acto de temor y fobia constante. Me dicen como consejo para navegantes: — cuídate. Y yo pienso que cuidarme es parte de mi calidad de vida. Me cuido sin dudarlo ni un momento. Porque me conozco. Aunque yo haya nacido dos veces, tengo arraigada mi versión primera. La otra la he ido aprendiendo desde mi adolescencia. La vida me ha hecho desconfiado. Hay días en los que uno cree que se está volviendo loco. Hay días pésimos, pero lo que se espera, siempre llega por sorpresa. En el momento más inesperado. A la vez que esperas desesperadamente, también desesperas, valga la redundancia.



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