Galimatías desde la otredad


Antes de conocerme a mí mismo, antes de entender si quiera que ofendía lo que pienso, puse en valor mi buena verdad. Aquella por la que te toman como intruso, de una labor que a nadie pertenece. Soy un ser que no resuelve dudas, tal vez porque ya no las hay. Pero cuando tocan las cuerdas del arpa, aquellos que bostezan con una canción sin nombre, sin estribos, y por ende ni a ellos pertenece. Te acusarán ante el púlpito de las verdades de ser aquello que odian, para que tú seas también odiado. Sólo has ocasionado morbo mientras inocencia tuviste. Cuando abdicó tu inocencia fuiste por el resto de tus días un rey mendigo, sin poder ni aplomo. Todos ya sabían cómo ibas a acabar, ya conocían tu nacimiento y tu muerte. En el trono de las verdades está aún mi manoseada virtud de ser pobre en amigos, ya que nadie te soporta porque contradices a la lealtad de los hombres con el mismo pago que a ti te dieron, pero yo sí seré juzgado, y ellos nunca. Salvo hoy. Mi vida ahora hociquea como un verdugo del garrote vil la triste corona de laurel otorgada a los poetas. Amor, ¿por qué me das tanto para después arrebatármelo? Me culparán de cualquier atroz comportamiento, pero mi corazón ha tenido llaga tras la verdad que se iba dilucidando de poco a poco. Sólo me queda dignidad de ser un triste loco ahora, cuando ya se da por entendido que soy un fracasado. Pero Dios sabe que lo encontré tras la gran verdad de la vida, tras la pieza del último puzzle que le sugiero al silencio, y que la vida no sólo iba en serio para ellos, también para mí lo sería. No me compadezco a mí mismo ni siento pena por lo que soy sin vergüenza, sin ninguna explicación, porque tengo una dignidad tan férrea que las noches he tenido largas como los días de verano. El flamenco ha sido mi único hilo de comunicación con la verdad primeriza, después los libros. Cruzo la vida tal y como soy. Sin especular entre mi lugar y mi otredad. La otredad de un ser que se conoce ahora más que antes. Y por demás cabe decir que me trago la verdad por que se niega fervorosamente. Ya no dispongo de pánico. No quiero perder el tiempo. En mis noches me encuentro con quien soy, toca apechugar antes de que toquen la guitarra por ti. Y todos rían menos tú, sobre todo tú, que tanto tienes de lo que reír.

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