Largas colas



 Hay en el mundo inmensas colas lentas que brotan repletas de fe y esperanza. Largas colas en las embajadas, en los consulados, en los aeropuertos, en las casas de empeño, en los centros de beneficencia, en los bancos internacionales. Hay largas colas en el mundo. Colas que son la vergüenza del mundo. Las personas hacemos colas, colas para la salud, para el cine y para la burocracia repugnante de esta sociedad que colapsará. Hay más esperanza en los locutorios y en los cibercafés que en toda la soledad del mundo. La gente se casa por conveniencia y una desnudez nos hace andar descalzos en la nieve. Largas colas, inmensas colas para el visado que corroe la sangre de venas abiertas. El mundo, el mundo diferente, no conoce el bullicio de los restaurantes, tampoco conoce de familias desechadas. Se apropian del sinsentido atado a la esperanza. En los aviones que van hacia el norte se vierten lágrimas en las fotografías. Yo quiero romper el silencio del mundo. Yo quiero gritar que el mundo se ha equivocado. Yo quiero ser aquel que con ojos ha visto el tropiezo de la humanidad sin memoria. Resolver crucigramas de hielo es la gran hazaña que estás personas sufren ante el hecho de náusea del papel matasellado. Malditas las casas de cambio, los que venden los dientes de oro de ancianas fallecidas. Este mundo es un saqueo eterno. Los hay quienes hacen colas para llegar los primeros, pero estos no saben que son los últimos en las largas colas del mundo.

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