Fetichismo literario
Cuando Agustín Fernández Mallo publicó el remake de El Hacedor de Borges no pasó ni un mes y María Kodama (viuda y heredera de Borges) amparada por la justicia española ordenó que lo retiraran de las librerías. Pero es tan interesante una obra prohibida que te sugiere tenerla ese afán loco por lo apócrifo. Si se me permite el término. Llamé por teléfono a la librería de Sabadell (la mar de libros) y me dijeron que sí lo tenían. Ya me ven o pueden imaginarse la desesperación por tenerlo entre mis manos, salí disparado. El librero me estaba esperando con el libro que no podía venderme, pero por algo es la mejor librería de Sabadell. Cuando me dispuse a pagar no recordaba el número secreto de la tarjeta de débito. Y me fui de la librería totalmente frustrado. Cuando ya había cruzado la calle colindante recordé que el número de la tarjeta era el mismo que el de la contraseña del banco. Y aunque lejos, me fui corriendo a por el libro. Cuando llegué a la librería llegué sin aliento, y le dije al librero, ya recuerdo el número, ya recuerdo el número. El librero sacó el libro y me lo dio; el librero se partía de la risa y yo me reía con él. Y le dije me encanta Fernández Mallo, y el librero dijo ya, ya lo he notado. Y esa es la cosa más fetichista que he hecho por un libro. Desde aquel momento La mar de libros se convirtió no sólo en mi librería, sino también en mis héroes personales.
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