Capplannetta y el cautiverio

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Existe en este mundo una especie de “cautivos” que se entregan de manera personal y por decisión propia al encierro. La economía, los complejos, las barreras mentales, el miedo, y otras causas hacen de éstas personas esclavos de su tiempo. En Japón los llaman hikikomoris y en occidente los llaman ermitaños o misántropos. Yo llevo encerrado en casa desde hace unos años y nadie tiene la culpa. Es preciso recalcar que hay, en este mundo de cautivos y libres, el hecho de que su miedo se debe a lo que son en algunos momentos, es decir, son esclavos de sí mismos. Los tropiezos de esta vida imperfecta se deben a sus naturalezas a veces con cierto “síndrome de Peter Pan”, o de ermitaños anacoretas de esta postmodernidad. 


En la familia del poeta y ensayista José Manuel Caballero Bonald estaban “los acostados”. Eran familiares suyos que un buen día decidieron empotrarse en una cama y vivir a través de lo que las criadas y las sirvientas les ofrecían. ¿Eran enfermos o vagos? Ni una cosa ni la otra. A veces vemos la vida tan difícil que nos entregamos a un encierro, aunque solamente algunas personas pueden llevar esta práctica. Y son los burgueses o aquellos que viven de un subsidio. Pero muchos tenemos que enfrentarnos a la vida con sus miedos a esta y sus vicisitudes porque la vida te lo impone. 


Yo vivo encerrado en casa y llevo una vida de total cautiverio por motivos que no diré, pero todo tiene un porqué y lleva implícito una predisposición hacia esta decisión que hace la vida difícil, y para muchos, somos unos atormentados de la vida de velocidades estresantes y vértigos hacia abismos imposibles de evitar. No es un miedo la excusa, es la primera causa. Todo se debe a los miedos después de que en el trayecto hayas visto la boca del lobo, dicho de una manera coloquial. Existen muchas cosas y razones que atomizan a la gente, pero la más usada es la nueva ola de COVID-19 y sus variantes, eso, dentro del incremento de pacientes y sufridores ante el confinamiento en el 2020. Y ahora los síntomas perduran y no son tan cuestionables como otras razones y maneras de ser un paciente psiquiátrico. A veces el miedo es al mismo miedo. Pero eso es cuestión de cómo lo administre cada uno. 


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