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Adentrarse en la literatura

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  Adentrarse a la literatura es como una droga a la que te vas viciando y vas cada vez más allá, y cuando te das cuenta, necesitas más y más dosis. Yo empecé a escribir de noche y a mano. Las veces que más me he reencontrado con la literatura es a través de los libros que me compró mi madre. Me compró las obras completas de Lorca, y después, me fue comprando libros de tapa dura de la editorial Galaxia Gutenberg. Todavía guardo las libretas donde, a partir del año 1996, fui llenando de poemas y escritos al compás de cualquier música que me apeteciera escuchar en ese momento. Ahora escribo en la tablet. Me resulta cómodo. Creo, a mi parecer, que no se debe escribir en dos ocasiones de la vida. Ni borracho, ni enfadado. Nunca debes escribir bajo estos efectos, ya que, se traspapelará en lo que escribas en ese momento. Pero lo más importante de cualquier escritor, es la lectura. No soy ni he sido un lector voraz. Pero las veces que he leído me ha aportado más de lo vivido. Aunque lo vi...

Fábricas vaciadas

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  Cuando trabajaba en la UH me encantaba pasear por la fábrica vacía de personas. Era un gran privilegio que me era otorgado cuando me quedaba los fines de semana para hacer horas extras. En aquellos pasillos sin gente me ponía la radio y trabajaba con placer. Esa seguridad que tenía cuando trabajaba en la fábrica vaciada no lo tenía cuando estaba repleta de gente. Últimamente me acuerdo bastante cuando trabajaba. Cosa que hace ya años, pero cuando escucho a los coches de gente que madruga para ir al trabajo recuerdo cuando yo volvía, ya que hacía turno de noche. Ese turno me ha hecho un noctámbulo incluso ahora que no trabajo. Echo de menos esa sensación de estar a tu bola en una fábrica y con poca gente, la necesaria. Seguramente habrá quien diga qué suerte tiene que no trabaja, pero yo no diría tal cosa, porque cuando yo trabajaba, en el turno de noche habitual, era verdaderamente feliz. 

Yo puse a tus pies

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  Yo puse a tus pies la losa de mi sufrimiento. Esa es la razón de mi encierro. Esa es la razón de esta fuga voluntaria. Estoy incendiando mi corazón a diario. Sufro un despotismo deliberado. Mientras que iba comprendiendo el sentido de la vida, fui comprendiendo una vida sin sentido. O quizás sea lo contrario. Ahora no lo sé. A medida de que paulatinamente iba comprendiendo el idioma de mis semejantes, se iban alejando del concepto que tenía yo de semejanza contrario a mi persona. En primer lugar tuve muchos amigos, tal vez demasiados, y todo cayó en un goteo como si fuera un suero que me desvinculaba de amigos, incluso de…

Cómo ser gourmet por muy poco dinero

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  Si le pones ColaCao clásico a un yogur de textura griega podrás deleitarte de una exquisitez por muy poco dinero. Si le pones también a un yogur griego unas virutas de chocolate negro de menta rallado serás agraciado por un bocato di cardinale , podrás entender el origen de la stracciatella . Si en lugar de chocolate negro de menta, le pones chocolate relleno de crema de pistacho (siempre y cuando sea del Mercadona) y le añades una cucharada de azúcar, podrás degustar el azúcar caramelizada como un paladar extremo plagado de sabores y texturas, que recuerdan a la nuez de macadamia, es un lujo para gourmets de todo tipo, y para los golosos empedernidos. Si le pones a una sopa unas cuantas micras de pimienta negra molida podrás gozar de algo delicioso, no solo está el gusto en la sopa ramen, y no solo está la sopa decantada hacia la trufa, también podrás degustar una sopa china con todo su fundamento. Si en una rodaja de pan de molde sin corteza pusiéramos un helado de vainilla der...

Corregir cansa, pero es necesario

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  No hay cosa que me origine más cansancio y que me cause más  inapetencia que corregir mis cosas. El hecho de corregir es un momento de bastante tedio y hartazgo, ya que tienes que meter toda la carne en el asador e ir con mucho cuidado, poniendo de tu parte, toda la cautela posible. Se escribe aquello que te gustaría ser leído como lector, y por ende, aquello por lo que se cree que no se ha dicho nada al respecto. Me lo paso muy bien escribiendo, pero el hecho de corregir me cansa de sobremanera. Es como volver una y otra vez a un lugar que ya di por zanjado en la primera corrección. Pero siempre, o casi siempre, uno quiere y desea que lo que escribe tenga la máxima optimización. 

La palabra producto

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  Odio la palabra ‘producto’ porque lleva implícita la palabra ‘mercado’. Odio la palabra ‘proyecto’ porque lleva implícito una mala intención. Odio la palabra ‘liderazgo’ porque nadie es más que nadie. Odio la palabra ‘globalización’ porque considero que el mundo es ahora una Pangea. Odio la palabra ‘trayecto’ porque la respuesta está en el viaje. Odio la palabra ‘fragmento’ porque la respuesta está en el todo. Odio la palabra ‘OTAN’ porque es mentira, totalmente mentira. Odio la palabra ‘economía’ porque el mundo es una sandía. Odio la palabra ‘patente’ porque no tiene que ver con la inventiva. Odio la palabra ‘porcentaje’ porque no creo que haya nada más interesado que eso. Odio la palabra ‘bloqueo’ porque la padecen los pobres. 

Una vida nada fácil

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  No es nuevo afirmar que la vida no es nada fácil, cuando acudes a la inercia tendenciosa desde un lado, los problemas afectan por el otro, cuando crees tenerlo todo bajo control, los problemas afloran como moho. Ya no queda tiempo para vivir una vida decantada hacia el ocio, hace años que no voy a discotecas, hace siglos que solo veo cine en casa, siempre solo, pero podría ser peor. Hoy dicen que el neoliberalismo es una plaga de insatisfacción, eso tampoco es nuevo. Mantener el equilibrio cuando todo va en tu contra es una ardua tarea. Para colmo de males, los hobbies cuestan caros, muy caros, pagar por llevarlos a cabo es una tarea tan dura que en estos momentos pierdo la esperanza, si alguna vez la he tenido. Aquellos que se decantan por escribir lo tienen aún más duro ahora. Escribir es un acto, hoy en día, algo así como un trabajo eventual por el que no cobras, pero es algo por lo que vale la pena poner tus grandes esfuerzos. C’est la vie.