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Capplannetta y Gregor Samsa

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Al igual que Gregor Samsa yo también he padecido mi metamorfosis personal. Un día m e desperté y me fui convenciendo de ser un insecto. Una cucaracha imposible, o un escarabajo, que resulta repelente hacia los hombres, y del cual no puedo sentirme orgulloso. Poco importa si ese insecto es inoportuno, o es un merodeador de espacios comunes, o de espacios privados hábiles para poner las larvas. La gente que te ve le basta con darte una palmada, o pisotearte aunque corras, o te echan veneno para insectos que reptan, y también que tengan vuelos gallináceos. Sí, soy un insecto, un insecto al que gritan las adolescentes, intentando así huir despavoridas. En realidad tengo miedo de ser el insecto que soy, pues no tengo modales, aparezco de imprevisto y doy asco al personal. Pobre Capplannetta, pobre Gregor Samsa, seres asquerosos a los que les dan la vuelta sin poder ponerse a reptar. En esos momentos mueven sus extremidades y tan sólo quieren ponerse en la postura que exige su naturaleza. P...

Capplannetta y sus demonios

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Hay noches singulares en que todo parece en calma, aunque vienen los demonios a buscarme. No es culpa de nadie. Debe ser por mí, que a ratos ando solo, y en otros momentos, a ratos solamente ando. Yo vivo la gracia de los que recibieron la insignia de las lágrimas de San Lorenzo. Para mí la belleza lo es todo. Y puedo encontrarla en cualquier parte. Pueden ustedes pensar que soy homosexual, o quizá sea un hombre ya maduro atrapado en un síndrome de Peter Pan. Pero yo me considero un hombre solo aunque tuve compañía. No. A mis padres que nadie los culpe. Ellos han tratado de darme aquello que les ha sido posible. Me pasa a veces que la soledad me oprime la garganta. Intento cruzar varias fronteras, sin embargo la que más quise cruzar, es imposible cruzarla sin salvoconducto. Se acerca el gran bombardeo hacia las ciudades esbeltas. Miles de obuses nos harán morder de rabia las plegarias. Moriremos como locos, ahorcados en fila los   patíbulos. Como todo el mundo yo duermo, vivo y com...

Capplannetta y la vida a toda prisa

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Ese chico enclenque que creía en la libertad del individuo acató su menospreciada valía y se puso a trabajar seriamente en el asunto. Primero aprovechó la circunstancia de hacerle el amor a cuantas mujeres pudo. Después se fue de fiesta en los más variados festivales de distintos géneros musicales, incluso vio a Bob Dylan en uno de ellos, también a The Rolling Stones en su gira Bridges to Babylon, se aficionó a cantar flamenco, y cantaba bien, pero imposible era hacer sombra a otros cantaores. Estando en la heroína se marchó de vacaciones. También se fue a los San Fermines tras haberse desvinculado de drogas y demás sustancias. Fue entonces cuando comenzó a engordar la tripita. Cosa que no le dio importancia, con el tiempo creció y creció. Se marchó a Perú con barriga aunque delgado. En esa época se había leído a algunos clásicos del Siglo de Oro, también a clásicos del siglo veinte. Los que habían leído alguna vez un libro le sugerían que leyera a Nietzsche, a Sartre, a Cioran, él ace...

Capplannetta pasa página

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Era la última canción y después cerraban la discoteca para siempre. Estaba en la planta del medio, puesto que la planta de abajo la cerraron por orden del ayuntamiento de Terrassa. Se despedía, sí, atrás quedaban cinco años de disfrute rumbero. Capplannetta no lo intuía, pero estaba a punto de dar un vuelco su vida. Ahora recuerda la canción que sonaba, era Vete del dúo rumbero Los Amaya. Parecía casualidad pero el disc jockey eligió ese tema al ver a Capplannetta en el guardarropa para irse. Atrás quedaban muchas historias de amor, historias fracasadas algunas, de otras guardaba un bonito recuerdo, el pinchadiscos que lo había estado observando todo este tiempo sin él saberlo, le ponía la canción a modo de despedida. Para Capplannetta se esfumaba una época dorada. Una época que ya no volvería a reproducirse, a Capplannetta le iba a cambiar la vida. Aunque eso él no lo sabía. Habían sido unos bonitos cinco años. Había descubierto la gran verdad, y le había caído la máscara a algún amig...

Capplannetta es yosotros paralelos

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Mientras que dejen de tratarme como a un enemigo seguiré siendo dos Capplannetta’s paralelos. Uno se denomina Casimiro Oquedo Medrado y el otro se hace llamar Cecilio Olivero Muñoz. Al ser dos personas distintas, la una de la otra, tendrán que elegir y odiar a Casimiro o tal vez odiar a Cecilio. Los dos personajes paralelamente son la disputa eterna de sí soy o no soy aquel que fue. He sido tantas personas que ahora nada más soy Capplannetta, y lo seguiré siendo, orgulloso estoy de él, de sus dos yosotros. Porque cuando escribo lo hago desde la trayectoria específica de cómo otros me han amado, o han dejado de amarme. Quiero ser dos personas porque cuando no soy la una quiero y deseo ser la otra. Estoy ante una dicotomía. Yo no soy cosmonauta pero lo soy desde hace algún tiempo. Soy plegaria del quenopasenada, soy alegría fermentada en la borrachera donde beben ocultos los muchachos del solar. Ser Capplannetta es algo que hay que nacer para serlo. Lo soy porque yo tengo el delicado pro...

Olvida Auschwitz

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Yo jamás estuve en Auschwitz pero sí estuve. Me tatuaron un no en la frente cuando era el sí el comienzo de toda tragedia. Nunca estuve en Auschwitz pero tampoco estuve en Viznar y adiviné en las últimas páginas que la muerte está en todas partes. A veces es un esqueleto, y otras tantas veces es un bicho que te roe por dentro. Si esto es un hombre me declaro ausente. Cuando se conoce la naturaleza de un hombre hay que seguir en un vagón de carga hasta llegar hacia un letrero en alemán El trabajo os hará libres . Si esto es un hombre que vengan todas las maldades del mundo pues ya no hay más tragedia. Hermanos de mis hermanos, padres que te salvaron la vida. Dios no está ni en Israel ni en Palestina. Si esto es un hombre, sí, olvida Auschwitz. Te pondrán un pijama a rayas y te harán tener asco por los placeres sencillos de la vida. Olvida Auschwitz. El rabino no está, tampoco el viejo Avishai, cuantas derrotas caben entre las alambradas eléctricas. Si esto es un hombre no quieras escuch...

Capplannetta y el tabaco

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Muchas restricciones recortan la vida del fumador, sea este empedernido o de poco fuelle. Yo creo que ya es la hora de que vaya dejándolo. Es muy fácil decirlo, pero lo difícil es lograrlo. Yo fumo mucho, pero si fumo mucho no es que yo lo haya querido así. Es debido a que antes me fumaba doce porros diarios y ahora no fumo ninguno. Al contrarrestar mi adicción a los porros de hachís he acabado por fumar para ocupar el vacío que han dejado en mí los canutos. Ya no tomo drogas, y me siento mucho mejor. Ya ni coca, ni porros y el alcohol para mí ha pasado a la historia. Tengo el vicio del tabaco. Que no es que sea poco, lo suficiente para ahogarme andando mucho, o quizá sea la ansiedad. Lo que sí tengo es fuerza de voluntad. Cosa que no sabía que tenía. Hay un factor que añadir en el aspecto del tabaco. Está prohibido en tantos lugares que ya no es igual de placentero fumar. Me ha pasado que me he encendido un cigarrillo después de hacer sexo y la chica me ha dicho que por favor no fumar...