Galimatías desde la otredad
Antes de conocerme a mí mismo, antes de entender si quiera que ofendía lo que pienso, puse en valor mi buena verdad. Aquella por la que te toman como intruso, de una labor que a nadie pertenece. Soy un ser que no resuelve dudas, tal vez porque ya no las hay. Pero cuando tocan las cuerdas del arpa, aquellos que bostezan con una canción sin nombre, sin estribos, y por ende ni a ellos pertenece. Te acusarán ante el púlpito de las verdades de ser aquello que odian, para que tú seas también odiado. Sólo has ocasionado morbo mientras inocencia tuviste. Cuando abdicó tu inocencia fuiste por el resto de tus días un rey mendigo, sin poder ni aplomo. Todos ya sabían cómo ibas a acabar, ya conocían tu nacimiento y tu muerte. En el trono de las verdades está aún mi manoseada virtud de ser pobre en amigos, ya que nadie te soporta porque contradices a la lealtad de los hombres con el mismo pago que a ti te dieron, pero yo sí seré juzgado, y ellos nunca. Salvo hoy. Mi vida ahora hociquea como un verd...