Todos tienen


Todos tienen un parentesco que miran desde las estrellas inscritas en el alma. Todos tienen abuelos con motes o apelativos en las vísceras totales de un pueblo. Todos tienen antepasados que emergen desde su sangre coagulada y se enfrentan a la injusticia con una guerra arrancada de los páramos desérticos. Todos tienen una tradición molecular en la cara y les dan el pésame porque se les nota en la cara con un terco parentesco que mira de lejos. Yo no soy herencia de ninguna casta, aunque sé que mi casta está enterrada tras el sol. Puedo decir con todo orgullo, con toda mi daño de peldaño y lágrima interior, que no pertenezco, aunque no lo crean, a la letanía de los cristianos antiguos, pertenezco a la decrepitud del ADN. En un pedestal sin virgen se anudan mis vacíos decrépitos. Aunque no he visto nunca ningún Dios, tengo miedo de negarlo. Porque aquellos que están adheridos a una estirpe, tienen la tranquilidad de ser algo en la vida. Pero yo no tengo nada. Yo tengo el amor de mis padres y mis hermanos, pero ellos son un racimo completo que nace desde los árboles frutales, pero yo no. Yo soy un hombre sin linaje, como amputar un fragmento de cuadrante entre las constelaciones. Sí, tengo unos apellidos legítimos, tengo una astrología insensata, porque nadie me da pésames ni me rebotan las lisonjas de un hijo o un nieto que llore en los entierros por su carne estremecida. Todos tienen una abuela que les espere a la puerta de un colegio, todos tienen la culpa de ver por perdida la fotografía de una yaya hermosa. Pero yo ya no tengo nada, porque ha pasado tanto tiempo en el que mis muertos me dijeron te quiero, que yo camino suave y presto en mi soledad sin veto. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Neodimio

Actividades Antiamericanas

El mejor antidepresivo