Con deportividad



Todo el mundo quiere hacer deporte hoy en día, quieren tener un cuerpo de Apolo ellos, ellas se conforman con ser Amazona. Se van al gimnasio en coche para andar y correr en las máquinas y cintas andadoras. Todo el mundo aconseja el deporte, lo llaman “benefactor para la salud”. Sin embargo, follan menos que Tintín,  o se la pelan dos veces al día. También conozco a hombres musculados que no tienen atisbo de inteligencia como una sonda extraterrestre o de un OVNI (objeto volador no identificado). Dicen que el tabaco es malo, también el vino o la cerveza, pero nadie dice nada cuando a un deportista lo fulmina un infarto. Los viejos hacen la ruta del colesterol mientras que sus hijos hacen la ruta del bakalao. Los hay a quienes les gusta hacer deporte antes que echar la siesta, hacen dieta y hacen un culto al cuerpo, para acabar haciendo un culto a la personalidad. Llegan a padecer la enfermedad de vigorexia. Se empeñan y se empeñan. Se castigan entre agujetas o bajadas de glucosa. Tenía razón mi tío Sigmund, cuando advertía que los seres humanos hacemos las cosas por sexo. O por sexo, o por levantar pesas como energúmenos. 

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