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La escritura y por ende la literatura me ha ayudado a ser persona. Quizá con mis carencias, también con mis virtudes. Un hombre y una mujer si no tiene algo por lo que luchar, es un ser sin sentido, es un erial perpetuo, es un vacío. Los seres humanos estamos diseñados para dar ruido. Un ruido distinto según sea esta la naturaleza de cada individuo. A mí la escritura me ha dado mucho más de lo que yo pueda aportar a ella, por medio de la escritura. La vida es una carretera, es un lugar que transcurre en una autopista de la que todos parecen que van hacia un mismo lugar. Pero no, hacemos viscerales desvíos sabiendo de antemano al lugar que pretendemos ir, ya que cada uno conduce su propia verdad, su propia decadencia, según sea la naturaleza de cada criatura. A eso lo llama la cristiandad como libre albedrío, pero yo lo atribuyo a lo que los seres de este mundo están inmersos desde que nacieron, ya que toda infancia nos marcará de por vida, decía con acierto Rainer María Rilke. Cuando una persona tiene un destino marcado, éste se fundirá y se disolverá como si hubiera nacido dos veces, o con dos placentas, el hombre no dejará de ser aquello que ha sido y que la infancia le ha hecho entender.
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