Objetos como objeto
Mi prima tenía en un rincón de su casa un perro podenco blanco de porcelana que despertaba en mí cierto misterio, como si aquel perro guardara el secreto de ser estatua. Mi tía tenía un tapiz con pavos reales y guacamayos en un pequeño paisaje silvestre. Jamás he vuelto a ser el mismo desde que me topé en ese idílico jardín repleto de marrones y verdes. Aquel tapiz era un alma decorativa que aún recuerdo, era tan bello… Le robé a mi primo un helicóptero en miniatura y guardo recuerdos realmente productivos en lo que al juego se refiere. Recuerdo las cartillas donde aprendí a leer. Eran las cartillas Palau, sus ilustraciones me han marcado como un naipe repetitivo. Recuerdo la luminosa navidad reflejada en las gotas de la lluvia. Recuerdo la librería de mi tía, y su generosidad tan excepcional. Recuerdo las toallas que trajeron mis tías después de un viaje a Portugal. Recuerdo los guisos inapetentes de mi abuela. Recuerdo el olor a café de puchero que mi abuela preparaba con la cocina a la par de un patio andaluz. Tengo tantos recuerdos que son todo lo que soy, y a la vez, todo lo que pude haber sido.
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