El placer de pensar
Pensamos mal por el hecho de no querer decepcionar. Si decepcionamos creamos un descrédito hacia nuestra persona, y por ende, el hecho de sentirnos decepcionados nos pone nerviosos, y nos desespera el criterio y creemos, en el despropósito y la angustia, y al unísono notamos cómo nos echan del favorito vínculo de amistades y por eso nos preocupa tanto, ya no lo que piensen de nosotros, sino de la opinión que puedan tener sobre nosotros, aquellos que piensan en nosotros y en lo que pensamos de ellos.
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