Suspenso en matemáticas
A la misma vez que me suspendieron en conducta, también me suspendieron en matemáticas. Feroces ceros por perseverar en las nalgas del conocimiento. Fue por eso que hice que me compraran mis padres una enciclopedia de ocho tomos de matemáticas. Mis suspensos en matemáticas dejaron caer una incomprensión total sobre raíces cuadradas, teoremas, reglas de tres, y aritmética. Pero ahí estaba yo, queriendo enmendar con aquella enciclopedia comprada por mis padres, toda mi perezosa manera de creer en las matemáticas. Ahora en la época de los algoritmos me arrepiento. Fui flor del capricho desde muy temprana edad. Mis padres: esos trabajadores natos de los que yo abusaba sin saberlo. Ahora comprendo que Dios está escondido entre el azar y la matemática de la vida. Cuando una madre te da un consejo, te lo está ofreciendo el mismo Dios. Cuando hablamos solos estamos hablando sobre lo que conocemos De Dios. Mis suspensos en matemáticas, comprendí a lo largo de mi vida, que pudieron ser las esperanzas de mis padres por y para que fuera otro. Mi padre me enseñaba de manera estéril a dividir, pero el verdadero problema es que no sabía multiplicar. Solamente sabía sumar y restar. Mis padres: el mejor regalo que Dios pudo darme, pero quisiera sumarme a la resta pertinaz de los buenos hijos. Ahora resto y sumo nada más que amor. Y el algoritmo me lleva a lo que más quiero en este mundo, que son mis padres.
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