Referentes que no sigo


Los referentes que tengo de los cuales no me empapo, son toda mi inspiración y el umbral en esta puerta abierta que en el residuo de mi existencia fugaz me hallo. Los referentes son necesarios. Pero más importante es tener voz propia. Yo creo que ya he explotado bastante la figura poética de la “prisa vegetal” pues ya no la usaré más. ¿Cuáles son mis referentes? Mis referentes son muchos, pero ni prenda volveré a prestar a esa figura poética de la que antes hablé. Buscar caminos buenos. Hace poco me aconsejaron: no seas bueno, sé justo. Y no hay mayor consejo que ese. Que nada exige, que no entra como elefante en la porcelana de orinales y el vintage como atrezzo. Que me recuerda tanto a la Sevilla barroca. Me encanta el invierno aunque haga frío en todas partes. Pero no quiero sino no hablar de referentes. Y sí no hablar de los vivos, y los consejos que son dignos de quien los da. Me congratulo otra vez con la esperanza. Pues no está el cigarro apagado, acabo de volver a encenderlo. Ya se acabó la farra, la comedia y el compás. Todos y nadie prosiguen su andadura hacia el hospital. Hora de la visita, como pues se recrean borrachos durante su fiel zigzag. Les importa mucho mi vida, y que le haya cogido miedo al público presente. Nadie me vigila, nadie me conoce, nada más los pajaritos se suman al cómo y el porqué. Cada cual sabe adonde he de cruzar por las cañerías sin nido, sin aposento, sin pose. Vivir una vida a medias, no tiene nombre, los pajaritos revuelven la noche. Hay fantasmas de medio pelo, Cleopatras que se esconden, y en el camino nos encontramos mirando el rumbo que cogerán los pajaritos.

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