Prohibido ponerse detrás de un caballo
A sabiendas de que mi madre está a tres manzanas de mí, estoy más lejos que nunca de ella, ya que pudiera haber kilómetros y kilómetros de nostalgia, sin poder decirle, qué bonita eres, mamá. En esta discoteca donde todos saben cómo acabará el sol, el noctámbulo sol condescendiente, simplemente porque es sol, simplemente por lo que queréis y no queréis, simplemente porque es preciso acabar con la malnutrición del pensamiento, se cambiará la noche por un afterhours inolvidable, y prenderemos las teas en la eléctrica fugacidad de un abrir y cerrar de ojos. Simplemente porque habéis estado presentes desde su nacimiento hasta su muerte. Todos dan por hecho que te harás el sordo porque no quieres ver, te harás el ciego porque nada oyes, te harás sabor porque nadie te toca, y te harás caricia que a nada sabe. Me falta, no solo a mí, el olfato y el instinto como el que tiene un revólver que apunta y dispara; y el muro de mis sueños, que antes, por querer ver a un dios en los hombres, pude encontrarlo sentado en el rellano de mi casa, porque él (dios) me hizo caballo rampante, por eso me da igual que la voz del escándalo me llame con una bengala ardiente entre su lengua hiriente. En este carrusel donde se duermen los fulanos, vemos borrachos del vino perecedero de los aletargados que revientan de valentona rabia, pues se hace su vino vinagre que fermenta con los años, dependiendo de su melancolía; a todos los menganos y zutanos que no vemos, pero ahí están, incluyo al acomplejado deber hipocrático de los galenos, que diagnostican a raíz del desértico síntoma. Me quedan tantas cosas por aprender, que ya no me asombra nada. No me asombran las raíces que sujetan al árbol, no me asombra el pie de rey de los visionarios, no me asombra que la voz del instinto me la nieguen los dioses, no me asombra nada porque yo ya no soy aquel. Me asombra lo que yo pueda pensar, porque la vida me ha enseñado a no ponerme detrás de un asno, y mucho menos, detrás de un caballo. Pues quiero que sepáis que soy un vestigio de vuestra carne y sangre; soy un vestigio de vuestra esperanza cansada en la que no creéis ya de ninguna manera.
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