Para escribir bien se necesita…
Para escribir bien se necesita algo más que talento y haber leído a los clásicos. Para escribir bien se necesita poner tus vísceras en una mesa y que lean tus entrañas los brujos de la letra impresa, los hechiceros de la burocracia literaria. Tienes que saber que si no atas las historias con cada miligramo de cordura, unidas estas, a unas oxidadas cerraduras y bisagras que no chirríen, jamás serás creíble como escritor. Escribir en casa es una derrota que muy poco dista de volverte loco si no sacrificas algunos de tus escritos. No todo es publicable. No debes escribir enfadado, tampoco después de haberte dado un atracón de chocolate, que, como en el amor, es algo que empacha y te sacias de un bocado. El amor es parte de lo que el corazón contiene, y lo que el corazón va sumando, es aquello por lo que vale la pena encadenarse a la vida. El sexo es un aliciente del amor, pero jamás lo podrás comprar con dinero. El amor y el sexo son parte de lo que una buena historia precisa. Lo demás son actitudes de la naturaleza humana, comportamientos de lo que el ser humano es y ha sido, y siempre será carne dispuesta para el sacrificio total. Y la naturaleza humana está repleta de egos y de nefastos comportamientos. Alguna vez puede que un escritor te reincorpore a la inspiración, pero otras, puedes haber aprendido algo que desconocías. Para escribir bien se necesitan cojones y más cojones. Y aquello que unos escritores desprecian o critican, es la razón por la que ellos mismos yerran, y es el mismo acicate de lo que ellos carecen y a la vez aborrecen. Todos los escritores disponibles tenemos ciertas dosis de vanidad, y el que diga que no, miente. La vanidad va adherida al escritor que lucha por ser algo comúnmente equiparable a su experiencia. A la experiencia de su vida, que es mirar con lupa aquello que ha experimentado por él mismo.
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