La mudanza

 


Las mudanzas normalmente acostumbran a ser motivo de un gran esfuerzo. Yo he querido pasar, no de página, sino de capítulo. Pero el acto de mudarse es un gran trabajo sea donde sea. Eso, contando lo costoso en relación a la economía, y la pejiguera de procurar no perder nada durante el trayecto. Tenía montones de recuerdos respecto a la fotografía analógica. Cubetas, un termómetro, artefactos para el revelado y etcétera. Después de haber mal vendido mis cámaras analógicas, mi madre se encargó de llevar al punto azul todos esos recuerdos. Recuerdos en los que he perdido dinero. Cuando yo estudié fotografía analógica compré y compré material fotográfico. El píxel cada día que pasaba iba acrecentando sus futuros hacia la digitalización. Primero tuve una cámara compacta Sony digital, tenía poco espacio, aunque tenía una buena resolución debida a la cantidad de píxeles se veían las fotos nítidas. Me compré una cámara más moderna y con grandes recursos tecnológicos. También la vendí. Y ahora he decidido hacer fotos con mi móvil. La fotografía se ha convertido en conversacional. Ahora me he especializado en la fotografía por así decirlo, aunque yo la llame Mixtura, ya que es más latino el término y el de collage me parece afrancesado. Hoy por hoy hago mixturas y soy apropiacionista. Pero no es por el hecho de robar aquello que no es mío, es porque no sé dibujar. Referente a la mudanza diré que me hecho un hombre ligero de equipaje, parafraseando a Antonio Machado, siempre Machado.

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