La buena vida y la poca vergüenza
Cuando me hablan de política yo asiento como los locos. Que aunque esté loco de veras, de política no quiero aprender. Cuando me hablan de política les hago entender que les escucho, pero no me entero de nada de lo que dicen. Un hombre, o una mujer, con todas sus necesidades cubiertas, y que se contradigan de ignorancia no lo soporto. Está bien eso de tener ideales, pero los hechos son los que mandan. Es fácil hablar de política cuando se tiene el estómago lleno, y también la nevera. Cuando todos en su discurso, sean de izquierdas o de derechas, todos debieran callar al menos veintitrés horas y media al día. Para comprobar lo que es la vida basta con salir ahí afuera y ver cómo es el mundo. Yo no salgo, rara es la vez, pero entiendo a todos aquellos que vienen con una mano delante y otra detrás. No voy a decir nada al respecto sobre un país u otro, cuando tengo la certeza que mientras la humanidad no sea una Pangea, un lugar para todas y todos, el mundo será eructando ante el estómago vacío de tantas y tantas criaturas. Mientras que nos pegamos la buena vida menos vergüenza se tiene. Mientras unos comen, otros tienen hambre. Mientras unos se llenan la boca de consignas, otros saben cómo funciona esta cosa que es la vida y que va tan enserio. Unos dicen esta mierda de país, sea cual sea su ideal político. Pero somos unos ciegos con niños pícaros como lazarillos. Me consuelan los días que vivo ahora, pero también los he tenido peores, y en un futuro quizá sean peor aún. Yo no dejaría mi vida en manos de otro. Porque la vida, es evidente, es un juego de supervivencia. Unos dicen, quiero que gobiernen estos, y estos quieren poder, después dicen aquello de donde dije digo ahora digo Diego. Hay gente que piensa que yo vivo bien, pero vivo el estigma azuzándome a los perros que creen tener la razón en todo. Cuando me dicen: —¡qué bien vives! Y les contesto La buena vida y la poca vergüenza. Siempre habrá alguien dispuesto para arrebatártelo.
Comentarios
Publicar un comentario